martes, marzo 08, 2011

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La palabra “imposible” es fuerte y a mi manera de ver retadora. Imposible significa que las circunstancias no pueden acomodarse para que algo suceda y a la vez, creo que te reta a que las acomodes. Cada vez que yo escucho “imposible” lo primero que pienso es: “¿cómo chingaos no?” aunque no tenga idea de cómo lograr aquella cosa tan increíblemente difícil, que resulta “imposible”.

Sin embargo nuestro extenso vocabulario nos arroja un sinónimo que no provoca un reto, que no saca lo mejor de ti, que es más bien triste, que es “irremediable”. Irremediable me lleva a imaginar a una persona de pie, escuchando tal palabra y sentándose pesadamente mientras piensa: “no puede ser”. Irremediable no significa que hay que hacer algo extraordinario para lograr el objetivo, significa que no hay solución. Irremediable es como el final del último esfuerzo. Irremediable suena a que sin importar cuanto empeño le pongas ya no se puede hacer más. Es triste y decepcionante.

Mi mamá suele decir: “enero y febrero desviejadero” cuya explicación radica en que al ser meses de mucho frío suelen llevarse consigo a la gente mayor. Ahora mismo estamos en ese enclave de tiempo y yo pienso: “¿tendrá razón mi mamá?” Me gustaría que no. También pienso que sería lo mejor para la Yaya, y aunque en su momento me odiaré por ello, creo que el final de aquel refrán es lo que más desea y lo que deberíamos desear. Tiene todo el derecho.

No es justo que alguien viva una vida plena, en pleno uso de sus facultades, en plena independencia de sí, y de un día para otro lo pierdas todo. No es justo que pudiendo irte de pie te apagues como una velita y en la recta final en vez de pasarlo increíble, en vez de aprovechar lo que queda e irte con una sonrisa, con el buen sabor, te vayas sufriendo y seguramente preguntándote “¿porqué a mí?” En mi nula vida religiosa sólo me queda pensar como piensa ella, que los torcidos caminos del señor son tan torcidos como sabios. Pensar que es decisión de ese ser superior y no mía ni de nadie. Pensar que de alguna manera todo esto es para mejorar.

Una vez más el amor me salva de una lloradera atroz. Sé que quiero que esté bien y en este mundo terrenal no lo está. Sin saber qué hay del “otro lado” me atrevo a pensar que tiene que ser mejor que el lado que está viviendo ahora. Y volviendo al amor, finalmente regresará con mi abuelo. Con aquel hombre amado por todos pero más por ella, con aquel a quien le plantó una rosa después de 10 años de muerto, con aquel a quien le es imposible recordar sin que se le haga un nudo en la garganta, con aquel que junto con ella me hicieron conocer la mejor historia de amor real y de carne y hueso que me gustaría vivir. Será que mi abuelo se cansó de esperar, será que también ya la extraña demasiado, será que es hora de que estén juntos de nuevo, no para bien, sino para mejor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

=)besos!