Mostrando las entradas con la etiqueta Historias de Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Historias de Familia. Mostrar todas las entradas

viernes, julio 15, 2016

Las noches con JC y Santi

Ayer JC enloqueció, luego su hermano y luego el perro... vaya noche. Justo cuando le había dicho a la gente del trabajo que mis hijos realmente no daban lata en la noche. Si acaso uno, se despertaba para comer.

No sé si tuvieron pesadillas, vieron un fantasma, o absorbieron las malas vibras de Sasy porque la castigué. Estarían tristes. El caso es que nos dejaron dormir entre 4:30 y 5:00 de la mañana. Ninguna se despertó a tiempo para el trabajo.

La verdad, era casi imposible despertar. Santiago había quedado de mi lado y después de tanto alboroto había caído rendido en mi brazo izquierdo. Yo tenía mucho frío, así que pegué mi cabeza a la suya y lo abracé para usarlo de estufa. Cuando sonó el despertador, creo que lo apagué con la mente, no podía moverme de ahí. Cuando sentí que era muy tarde y decidí abandonar mi posición privilegiada, unas manitas me apretaron la pansa provocando unas ganas enormes de ir al baño. JC, había pasado sobre su hermano -aún dormido- y sólo se asomaba su cara de sol justo frente a mis narices. Lo atrapé con la mano derecha mientras se enfilaba a ver a Sasy que encogida, dormitaba en su cama de mi lado. Tome a Juanqui con el brazo libre, apreté a Santi con el otro y me arrelané en la cama otra vez. Santi seguí dormido, Juan se acomodó en mi hombro y permaneció mirándome fijamente esperando a que volviera a despertar. Como no lo hice, se aburrió y emprendió el camino otra vez hacia el perro. Nuevamente salvado del abismo me vi obligada a soltar a Santi, pasar a JC con su mamá y correr al baño. Ahora era mucho más tarde. En estado zombie metí un calentador a la regadera y tomé un baño demasiado largo para la hora. Dejé a JC en la andadera y me siguió con la vista hasta que cerré la puerta del baño. Cuando volví, ambos hermanos estaban despiertos y debatiendo sobre la economía mundial. Uno opinaba que "nenenenenene" y el otro que "babababababa". Creo que ambos tienen razón.

Ya vestidos para la escuela hubo que dejarlos en el corral mientras nosotros terminábamos de arreglar nuestra destruida persona y empacar las respectivas, bolsas, pañaleras y mochilas en los coches. Empezaron a llorar. Tuve que levantarle el castigo a Sasy y decirle: ¡Sasy! Ven a cuidar a mis hijos. Y santo remedio. A través de la tela transparente del corral ellos se divertían tratando de alcanzarla y ella se sentía a salvo de jalones, pellizcos y golpes. Partimos todos al mismo tiempo. Todos con los ojos hinchados y grandes ojeras. Todos sin ganas de ir a la escuela y al trabajo. Todos deaseando regresar y acurrucarnos de nuevo. Pero eso no va a suceder.

Cuando volvamos los 4, los monstruos habrán recargado energía y querrán jugar, Sasy querrá salir a pasear y al baño, habrá que hacer le ritual del baño y la cena antes de que caigan dormidos y poner las cosas para la clase de mañana.

Si tenemos suerte, al rededor de las 12:00 estaremos dormidos los 5 en la cama, sí, Sasy también porque no ninguna tendrá energía para darle la orden de que se baje. Y si tenemos suerte despertaran a las 6:30AM, al menos JC. Si no tenemos suerte pasaremos la noche entre zombies, empujones y berridos, pero en algún momento, caerán rendidos en alguno de nuestros hombros, y los 5segundos que les dure el cansancio serán la satisfacción merecida. Espero que disfruten eso tanto como nosotros.

Cuando tengan problemas para dormir, no compren almohadas ortopédicas, memory foams o camas king size. Nosotros rentamos 2 dispositivos con la fuerza de un oso, la energía de un jaguar y la comodidad de un cachorro san bernardo. Si no caen en 3segundos, búsquennos en Brasil, ahí estaremos.

martes, julio 14, 2015

Castorcitos loading...

Hoy pienso todo lo contrario a mi anterior blog. Definitivamente soy un héroe. No sé como hay tantas y tantas personas que tienen hijos. Supongo que un factor es que pueden no planearlo, es un asunto de "que pegue" y luego una resignación como de "esto es lo que nos mandó Dios". Aquí es un poco diferente. Creo que también nos lo mandó el universo, pero fue estratégicamente planeado, lo que hace que te sientas aún más responsable por lo que estás haciendo.

Quise darle vueltas, pensar que el trabajo, la ausencia o los viajes estaban haciendo que me preocupara de más. Pero no es así. La realidad es que tengo algo atorado en la garganta que es una mezcla de felicidad y terror atrapado en una bola de play-do atascada jsuto en la garganta.

Quiero que lleguen, quiero jugar con ellos, ver sus sonrisas y sus gestos parecidos a los míos, ver cómo empiezan a reconocerme y cómo enloquecen cuando toco el piano. Pero estoy aterrada. No hay más. De este lado tengo el terror de que le pase algo a su maravillosa madre y esposa mía. Es una cirugía y uno nunca sabe. Tengo terror de que se les ocurra adelantarse y me agarren como dicen por ahí "con los calzones abajo". Tengo terror de cargarlos y romperlos. Pánico.

Supongo que es normal. Pero eso no hace que esto se sienta mejor. Estoy feliz pero debo estar preparada para tantas cosas que no sé, no sé...

Espero que ellos salgan más inteligetnes y fuertes que yo. Eso ayudará muchísimo. Y guapos, porque no, también que salgan muy guapos.

lunes, octubre 22, 2012

A mis padres

El 16/10/2012, a las 12:24, "jose luis lopez diaz" escribió:

HOLA VERO, NO SE SI DESPUÉS DE ESTE MENSAJE NOS VAYAS A ODIAR, PERO ESTUVE PLATICANDO CON TU MAMÁ Y QUEDAMOS DE ACUERDO EN ENVIARTE EL PRESENTE, CON LA FINALIDAD DE PEDIRTE CON LA MEJOR VOLUNTAD DEL MUNDO, QUE NO SE LES VAYA A OCURRIR ECHAR A PEDER LA VIDA DE UNA CRIATURA A TRAVÉS DE UNA ADOPCIÓN, O QUE ALGUNA DE LAS DOS SE EMBARACE POR INSEMINACIÓN ARTIFICIAL, PIÉNSENLO POR EL FUTURO DE DICHA CRIATURA, LOS PROBLEMAS QUE TENDRÍA EN LA ESCUELA Y EN SU MUNDO SOCIAL EN GENERAL, SOBRE TODO POR LA FORMA DE SER DE LOS MEXICANOS, SÉ QUE NINGUNA DE LAS DOS ES TONTA Y ENTIENDEN LO QUE LES QUEREMOS DECIR.

TUS PADRES QUE TE QUIEREN

From: vero
Date: Tue, 16 Oct 2012 22:53:34 -0500
To: papá, mamá

 
Yo no odio a nadie, por nada. Yo acepto a la gente como es; racistas, machistas, misóginos, retrógradas, involucionados, partidistas, cerrados, violentos, necios, etc. porque todos tenemos defectos, manías y virtudes. Si le pusiera atención a los "defectos" no le hablaría absolutamente a nadie.

Aprecio la voluntad, aunque preferiría que el consejo de procrear lo compartieran con la gente pobre, con los padres violadores, con las madres golpeadoras, con los drogadictos, con los borrachos, con las chavas de 15 años, etc. y no tanto con 2 mujeres de 30, exitosas y con el mundo por delante, que hasta ayer, no se han topado con ningún bache ni ninguna puerta cerrada, ni en el trabajo, ni con los amigos, ni con la "sociedad" ni con la familia (bueno, una parte de ella).

En realidad sí me haría muy feliz tener hijos. Creo que van a sufrir sí, van a sufrir si son gordos, si tienen los pelos parados, si son bobos, si son ingenuos, si son sucios, si son chaparros, si son muy altos, etc. porque los niños son crueles con todo lo que se les pone enfrente, y lo mismo tendrán que defenderse de todo lo anterior como de la razón de su existencia. El mexicano efectivamente es retrógrada, aculturado, acomplejado, machista y agachón. Conozco mexicanos muy cercanos, pero les sorprendería ver la cantidad de gente que no es así, porque afortunadamente este mundo va cambiando para mejor, no para peor.

Entiendo su punto de vista por la edad que tienen y la educación que recibieron, lo respeto pero no lo comparto. Yo sufrí en la escuela por ser chaparrita, por enfermarme todo el tiempo, por ser de cristal; pero salí adelante, y jamás -hasta ayer- he sufrido por ser como soy. Jamás me dijeron cosas en la escuela, jamás me juzgaron, nadie jamás me dejó de hablar o me dejaron de invitar a una fiesta, y sí, sí sabían. Creo que he tenido suerte de toparme con gente que se fija en otras cosas, en que tengas una buena conversación, en que seas inteligente, en que tengas una sonrisa, que seas feliz. Jamás se me va a olvidar lo que me dijeron mis amigos después de la noticia que me casaría: "Vero, felicidades, jamás te habíamos visto tan feliz, definitivamente ustedes se complementan". Y sí, nunca, jamás en mi vida había sido tan feliz como lo soy ahora. Después de los ataques de pánico y las crisis nerviosas creí que nunca lo podría decir, pero salí adelante también de eso y en este momento no podría ser más feliz, y tampoco podría serlo sin Jessica.

En realidad conocemos a 2 parejas que tienen hijos, unas tienen una niña y las otras unos gemelos, los niños son increíbles, "normales", comunes y corrientes y nunca en la vida se han tenido que enfrentar a ninguna tontería. Pero insisto, tal vez todos, ellas, los hijos, Jessica y yo, hemos tenido muchísima suerte y nos hemos topado con otro tipo de personas.

No sé si algún día procreemos, pero francamente no descarto la idea. No, no somos tontas, por algo hemos tenido tanto éxito en la vida, un departamento envidiable, una relación que todos admiran, un trabajo al que muchos aspiran y una vida por la que muchos nos han dicho que darían lo que fuera. Es casi imposible voltear para atrás y pensar que lo estás haciendo mal, sinceramente, todo es casi perfecto.

Si el problema fuera México pues nos moveremos, la familia de España no ha parado de enviar felicitaciones por separado y a ambas, en USA sé que tampoco tendríamos problema alguno, allí te pueden mandar al bote por agredir a alguien con este "defecto".

Entiendo perfectamente lo que quieren decir. Que en su momento se perderán uno de los días más importantes y felices de su hija, que sus principios y creencias pesan más que darse cuenta que hace 4 años soy más feliz de lo que fui los últimos 20, y que los planes que tenga no importan demasiado a menos que se ajusten a esa "sociedad" -que es como la bolsa de valores-  a la que ustedes le tienen tanto aprecio. Entiendo que se perderán en su momento, si se da, la ilusión de ser abuelos, y por supuesto de ser parte de una familia que está mal solamente en su cabeza, porque afuera, a menos que 549 personas mientan al mismo tiempo, no sólo está bien, está increíble.

Para ustedes un fulano borracho que ni quiero debe ser mucho más aceptable que una mujer que siempre ha visto por ustedes, que se preocupa, que estaba hecha un manojo de nervios y lloró porque le dije que no los volvería a ver. Vale más la pena un par de "normalitos" que 2 personas a las que hasta ayer veían con gusto cada fin de semana, los invitaban a comer, a las reuniones, a ver el football, a los viajes. Que no se perdían un cumpleaños, un día del padre o la madre, que llegaban con regalos y que para colmo, siguen siendo las mismas personas que los quieren, pero que ahora llevan "la letra escarlata". No espero que lo entiendan, espero que comprendan que la bola está en su cancha, que pueden elegir no vernos o no verla, no salir con nosotros, no pasar navidades juntos ni volver al Tapas Bar, no conocer lugares nuevos ni participar de eventos conjuntos como la boda de Montse, pero lo mismo implica que no se involucren en nuestras decisiones.

La vida de un niño se arruina por muchas cosas, pero no por vivir con 2 mujeres que tienen una relación estable, seria y sana. Que tienen buenos trabajos para darle lo que necesite y un buen luegar donde vivir y que se rodean de gente increíble que los van a adorar como sus tíos, sus otros abuelos, sus primos, etc. busquen en internet, hubo un huérfano que escribió una carta al respecto, para que lo dejaran vivir con 2 chicos y ya no viviera en el DIF.

Por último les pregunto ¿qué ha cambiado? ¿qué creen que cambiará? Porque Jessica y yo hemos sido, somos y siempre seremos las mismas personas, ¿no quieren pasar nochebuena con su familia? ¿convivir como consuegros? Ya lo han hecho. Lo han hecho en años nuevos, en navidades y a nadie le ha salido otro ojo ni se les ha pegado la sarna ni les han hecho ninguna grosería. ¿No quieren ir a la casa? Ya han ido. Ya han jugado, comido, convivido y nada cambiará. Somos las mismas personas. No van a llegar y van a encontrar el departamento de otro color ni a una encima de la otra, así como ha sido hasta ahora, así seguirá siendo, porque nunca actuamos, por eso ustedes se daban cuenta de muchas cosas. Nada cambiará. Sólo que yo ya no diré más mentiras, ni inventaré más excusas. Si no puedo ir algún lado diré la verdad, que me toca ir con la otra familia, que Jessica se enfermó y es mi tarea cuidarla, que es nuestro aniversario y no podemos salir. Aunque si esa es su preocupación, y tienen dudas acerca de "en qué nos convertiremos" ahora que ya lo saben al 100% mejor pregúntenme, y hablamos. Porque hablando se entiende la gente.

Yo hice todo el numerito, me agarré los pantalones y les dije para dejar de alejarlos, para compartir, para acercarnos y ser auténticos. Para que participaran de mi vida porque se estaban perdiendo muchas cosas. Si ahora creen que es mejor perderse más, está bien, es su decisión y la respeto, pero la diferencia es que será SU decisión, ya no la mía. Las puertas de nuestra casa siempre estarán abiertas y aquí siempre serán bienvenidos.

Gracias por el consejo, tengo 30 años, voy a hacer lo que crea correcto.

Su hija que los quiere.

martes, julio 03, 2012

El recuento de los 30

1982 – Nací
1983 – Aprendí a caminar
1984 – Conocí a la Miss Susana y tuve mi primer novio Yoshi. Jugábamos en una especie de canoa de metal que había en el kinder y la volteamos. Así nos fue. También me acuerdo del perro de la Miss Susana que mi hermano logró horrorizar.
1985 – Viví el temblor de la Cd. de México, bajo el marco del baño del depto. y bajo el brazo de mi padre que nos protegía a todos con su cara de horror. Un día, nos llamaron, en el kinder de la Miss Susana y nos dijeron que mi mamá vendría por nosotros. Esperamos sentados en una banquita tomando una agua de jamaica sin saber que pasaba hasta que llegó. Se había muerto mi abuelo. Yo lo entendí 4 años después.
1986 – Me culparon de un acto vandálico con unos colores en el kinder y tuve que pagar la condena lavando los baños de niñas.
1987 – Fui capturada haciendo un acto vandálico en el kinder y tuve que pagar la condena lavando las bancas del salón. Es muy probable que en este año haya recibido mi primer triciclo apache.
1988 – Inventé la historia de la mano peluda en el sótano de la cooperativa del kinder haciendo correr a todos los niños y dejando libre la fila. También me colgué de una rama del árbol de margaritas y aterricé sobre algún cristiano que me costó una semana sin recreo.
1989 – Entré a la primaria y conocí a mi primer maestra Hitleriana, la Miss Mary, que me aventó unas cajetillas de cigarros a la cabeza por haberlas llevado vacías, cuando nunca especificó que había que llevarlas llenas, y mi madre, en toda su buena voluntad, las vació pensando que una niña de 6 años nada tenía que hacer con cigarrillos. En ese año un niño gordito llamado Jorge me acusó de algún acto vandálico y le rompí todos sus colores uno a uno, no recuerdo que condena pagué, pero recuerdo que no me importó. El gordo se lo merecía. ¡Ah! Y fue el año memorable en que le pegué al director de la escuela, el señor Cecilio Salmerón porque el muy listo me dijo: “te crees muy importante pegándole a los demás niños ¿no? A ver, pégame a mí” y entonces yo le pegué muy obediente. La cara que puso no tuvo precio. Mi madre aún se pregunta como es que logró que no me expulsaran.
1990 – Cerraron mi escuela el Colegio Champaignat y fui a dar al Magallanes, aún instalado en Mier y Pesado, 7 años, 2° de primaria. El día que me inscribí conocí a Don Polo y Esperanzita su esposa, los encargados de la cooperativa, y mi mamá me compró mis primeros Nerds. El hecho más memorable fue mi primer recreo, me senté en un árbol que ya no existe, sola, abrí mi sándwich y antes de la primer mordida se acercaron Liliana y Jessica; “Hola”. Hola. “¿No tienes amigos verdad?”. No. “Si quieres nosotras podemos ser tus amigas”. Jessica fue la del monólogo, Lili la de la sonrisa cómplice, y Dios sabe lo que pasó después.
1991 – Me arrojé por una ventana durante la clase del profesor de inglés, Raúl. Sólo porque alguien me dijo que no podría hacerlo. Luego aparecí en el salón y terminé la semana en la dirección. Ese año inventé mi versión de calabozos y dragones en una hoja de block con un dado hecho de goma cortado finamente con un cutter que me valió una felicitación del maestro por mi imaginación y un reporte por jugar y distraer en clase. También me gané el premio a bufón por contar los mejores chistes en clase de la Miss Alicia. Ese año tocó el Memory de When I’m 64, último en que mi grupo se coronaría ganador de tal festival antes que los padres de los perdedores lograran quitar la premiación para proteger los sentimientos de los palurdos que no ganaban.
1992 – Tuve mi primer novio, Julio, era el niño nuevo y también se convirtió en mi niño nuevo. Rompí el récord de meses continuos con conducta reprobada y mandaron llamar a mis padres, pero no hubo mucho que hacer, ya que mi historial académico era impecable y el subdirector tuvo la mala suerte de argumentar una cosa por demás estúpida: “es que su hija me ve con unos ojos horribles” y entonces mis padres le perdieron todo el respeto. Me lo pase muy bien ese año, con los talleres y con el Memory de La Sirenita. Un Día en clase de inglés me tropecé con las tablas del piso y se me salió un zapato, dado mi historial delictivo se tomó como una gracia premeditada y fui expulsada de la clase con castigo de planas, pero encontré a mi hermano deambulando por el patio y dada nuestra compatibilidad de letra compartimos el castigo, el tiempo y la conversación, fue algo muy divertido de lo que nadie jamás se enteró.
1993 – El año fatídico de la primaria. Fue el primer año que decidí qué pasaría si dejaba de hacer la tarea y lo hice. No pasó nada. Cuando preguntaban los cuestionarios en orden yo preguntaba la respuesta que me tocaba al de enfrente y al de atrás de modo que tenía colchón de 3 preguntas, nunca se daban cuenta que tenía los cuestionarios en blanco y mi memoria privilegiada me permitía aprender las respuesta suficientes para los exámenes, aunque en los semestrales sí sufrí un poco. La maestra titular era otra vez Hitleriana y no lo pasaba muy bien, mi hermano también había dejado ciertas secuelas y querían ver en mí su versión mejorada pero… yo no era igual, él era Lisa, yo Bart. Después de aquel ligazo que lancé y fue a darle justo en el ojo a Diana García cuando le había apuntado a la boca bostezante, estuve en libertad condicional el resto del año. No lo pasé bien. Tanto estrés me dio ansiedad y estuve algunas semanas enloquecida queriendo correr a mi casa y huir de la escuela, a veces me escondía en el baño para tranquilizarme o hacía que mi mamá se quedara afuera de la escuela en la puerta, pero después de algún tiempo lo superé. Como dice Carlos, a esa edad se supera todo.
1994 – La primaria se acabó. Era el último año. Lo pasé fantástico. Seguía siendo el azote de los ñoños, la capitana de los equipos de deportes, parte de los equipos ganadores de todo, de los torneos de palmadas, kickball, las mini-olimpiadas, no gané nunca el concurso de declamación pero llegué a las finales. Lo pasé bomba en el desayuno de graduación… fue un buen año. Aparecieron los nuevos pesos y empecé a coleccionar las monedas antiguas. También vino la crisis del pelón desgraviado y creo que fue cuando mi papá dejó de viajar.
1995 – Cambio de escuela. Entré a la secundaria en el Colegio de Montaignac. Nuevo lugar, nuevos compañeros, nuevo todo, fue mi último drama infantil producto de una nueva maestra Hitleriana, la Miss Lupita de Historia, conocida por su rudeza, mi primera impresión, malísima, pero después todo fue para bien. En la secundaria se me quitó el espíritu Bart/Nelson, me dediqué a los deportes y empecé con la música. Mi primer año de piano.
1996 – Hice un cohete con papel aluminio y cerillos, otro con botes de jumex y pelotas de tennis, estaba muy orgullosa de mí. Empecé a ser buena en el Basquetball y a participar en varias actividades extracurriculares. Fuera de eso, fue un año flojo. Me dieron mi primer credencial para poder irme sola a la casa, a veces la olvidaba y tenía que esperar a que mi mamá se diera cuenta que no llegaba y fuera por mí, pues no me dejaban salir de la escuela, y claro, en ese entonces no había celulares, ni tenía dinero para una tarjeta telefónica, así que terminé por sacar un duplicado apócrifo que nunca salía de mi mochila, para evitar esas largas y aburridas esperas.
1997 – Cambiaron el plantel enfrente de mi casa. La cosa cambio mucho, la escuela creció y empezamos a tener grados de 3 o 4 grupos, éramos muchísimos y conocí mucha gente. Entré a la estudiantina y me hice amiga de gente con la que nunca me hubiera imaginado llevarme bien como con Montse. Mi vida estaba enfocada a la música y el deporte. Ganamos el primer torneo Wilson de Basquetball, me convertí en capitana del equipo y salimos en el periódico con el trofeo. Mis tardes estaban destinadas a entrenamientos y prácticas de piano en casa de la Yaya, y las novelas en su sillón. Los fines de carne asada y NFL con los muchachos de la casa. El 3°C pasó a la historia como el grupo rebelde, formado por todos los voluntarios que quisimos cambiarnos ahí para poder desahogar el A y el B de tanta gente, éramos un gran grupo, de relegados, rebeldes, liberales y bohemios que ante la negativa de ir a Six Flags el último día de clases escapó a tal parque de diversiones haciendo frente a la autoridad, que siendo fin de curso, no pudo tomar ninguna represalia.
1998 – Se acabó la secundaria e inició la prepa. Fue un año bastante flojo excepto por Samantha, me divertí mucho con la niña nueva. Una de las cosas más memorables fue cuando la Miss Letty me retó a organizar la muestra cultural ya que no paraba de quejarme que era una perdida de tiempo y organicé la puesta en escena del Diario de Ana Frank, fue un éxito, y humildemente, la Miss Letty no tuvo más que felicitarme. Salió muy bien y aprendí que si quieres hacer algo bien tienes que hacerlo tú mismo. Empezaron los talleres de preparatoria y no tuve más remedio que enfrentarme a la maestra que me odiaba y hacer audición para teatro, la hice igual, la pasé y dediqué mis tardes a los ensayos. Fui un gran Diablo naco en la pastorela, lástima que la obra de “Los árboles mueren de pie”, nunca vio la luz debido a la desorganización del equipo. De lo más importante, el primer viaje a Acapulco, y aquella visión que le dijeron a mi hermano y me dediqué a hacer realidad. Ya era una mujer. Una mujer que dedicaba lo poco que le quedaba de tiempo libre al Whata burger, al hockey y a los patines diariamente, con tal de no ir a casa.
1999 – Un gran año. Lleno de cambios y novedades. Se acabó el teatro y no tuve más remedio que entrar a coro así que me pasaba las tardes cantando y acompañando a los compañeros en el piano, platicando con la Miss Carmelita lo mucho que me gustaba y lo poco que quería dedicarme a eso el resto de mi vida. Que mala decisión había tomado. Reprobé matemáticas 3 veces y no pude reinscribirme a la prepa en la mañana así que tuve que irme a la tarde, estaba un poco apanicada. Pero no nos hagamos tontos, lo importante de verdad, aquel 13 de Mayo de 1999 fue ella. Mi primer beso de verdad.
2000 – Terminaba la prepa, yo me sentía superman, y lo tenía todo. La banda caliente, el coche, a ella y… a él. Y destrocé el coche. Mi mamá me dijo que me habían dado una segunda oportunidad, desde entonces a veces pienso si no morí y todo esto sólo me lo estoy imaginando. Empezó la universidad. Aún sin convencerme de estudiar administración me fui a La Salle y pasaba mis días refunfuñando y haciendo pesas en el gimnasio. A pesar que dejé todo en la duela no logré entrar a la selección de basketball. Entrenaba diario, pero a la hora de los partidos tenía que estar en la banca y no lo soporté. Para el segundo semestre ya escapaba de algunas clases y me la pasaba escribiendo en el parque cerca de mi casa, en el gimnasio o en casa de ella. Al término del año con ayuda de mi hermano me cambié de carrera y universidad. La noticia no fue tan mala para mis padres, sorpresiva tal vez. “Nos hubiera gustado que nos comentaras que no te sentáis a gusto” dijeron. Y fue todo. Ese año terminamos. Yo enloquecí, no sé qué pasó, creo que era demasiado para mí. Ella, lloró por 8 horas según dice, hasta que me olvidó para siempre. Ese año dejé de tocar el piano.
2001 – Por fin una carrera que me gusta. Regresé con él. Me lo pasé fantástico, creo que fue un año como estar dentro de una luna loca fumando mota. Viajé, hice nuevos amigos, me reí, me emborraché. Me lo pasé muy bien. Estaba donde quería estar como debía estar, no sé si con quien quería estar. Y descubrí que el sexo y yo no nos llevamos bien.
2002 – Mi primer viaje al extranjero. Por fin salí, me fui a estudiar inglés a Canadá. La experiencia de vivir sola. Bueno, en la comodidad de mi cuarto, mi privacidad, lejos de todo y de todos fue fantástico. Empecé a hablar de nuevo con él, intenté hablar de nuevo con ella. Él me hacía reír, ella me hacía llorar, y sin embargo, yo quería estar con ella.
2003 – Regresé y empecé a idear cómo volver a irme. Regresé con él por 3era ocasión aunque no igual, ya no llevábamos el título, sólo compartíamos el tiempo, era mucho mejor. Pero empecé a hablar de irme y él no quería, hasta que lo dejamos por la paz porque aunque queríamos, no íbamos para el mismo lado. Conseguí mi primer trabajo gracias a Carlos, era aburridísimo pero era algo, y me daba poder porque me daba dinero. Mi primer año de traje sastre y oficina. Tuve algunas relaciones buenas y algunas confesiones, fue un año bueno para el hockey. Mi hermano la conoció. Yo había dejado de pensar en ella, hace tiempo.
2004 – Lo logré. Logré irme de nuevo y a donde siempre había querido, la madre patria, la península Ibérica, España. No sin antes tener algo con ella. Me había llamado. Sonó el teléfono y sabía que era ella, y lo era. Y algo sucedió y creo que lo intentamos, lo intenté, pero por primera vez decidí bien, y aunque le ofrecí irse conmigo jamás ofrecí quedarme y me fui. También lo logré con él, el otro él, el que siempre había querido, y de no ser por él no habría logrado irme a España. Le tengo mucho cariño, pero nunca fue mi novio, siempre será mi mejor amigo. Y me pasé un año memorable. Hundida en el alcohol y la Macroeconomía. Re-conocí a Mariné y me hice de la mejor amiga que uno puede tener, tuve mi primer departamento, me hice responsable de llevar una casa, de vivir sola, y además de hacerlo a miles de kilómetros de casa. Fui muy muy feliz. Pero mis deseos se cumplen y a pesar de la distancia la traje a mí, y volvió y estuvo conmigo en España y volvimos y yo me regresé, pero me regresé por ella, no con ella. Lo feo, mi hermano. Ese año, antes de irme fue cuando él se fue. Un día llegué de la escuela y su cuarto estaba vacío, llamé a mi papá y le dije que se había ido. Esa noche, por primera vez hablé con mi papá sinceramente, borrachos los dos, y le dije: “devuélveme a mi hermano”. Creo que si hoy repitiéramos la escena le diría lo mismo. Alguien quien sea, devuélvame a mi hermano.
2005 – Lo empecé fatal. El aeropuerto me ponía de los pelos extrañando todo el tiempo Madrid, era todo lo que sabía decir, los pocos días que duramos juntas era todo que atinaba a decir: “regrésame a Madrid”. No era su culpa, ni podía regresarme ella. Luego todo terminó como lo había pronosticado, predestinado. Me dediqué a comer panditas debajo de una manta por algunos días y luego me fui levantando. Él obviamente también había desaparecido, y el original, estaba más lejos que el sol. Así que decidí estar yo sola, y por fin, me lo empecé a pasar bien.
2006 – Había terminado la universidad por fin. Busqué trabajo, lo encontré y seguí en mi premisa de seguir sola. Lo cumplí a medias, pues ya no me enfrasqué en ninguna relación pero conocí a mis chicos superpoderosos y no los solté en varios años, sobre todo a Cris. Teníamos una relación como extramarital. Como amigos sin derechos. Para mi funcionaba muy bien, supongo que para él no. Con George era al revés, y para los dos funcionaba bien, pues ninguno buscaba nada más. Fue un año de perderme y encontrarme varias veces. De volver al mundo laboral, de dejar la vida de estudiante y empezar a pensar, ahora sí qué voy a hacer.
2007 – Me había enfrascado ya en el mundo corporativo y me creía importante aunque en un estanque pequeño. La casa empezaba a ahogarme un poco y no hallaba la forma de salirme de ahí, busqué miles de opciones para poder mudarme y vivir sola, era lo que más quería pero no lo lograba financieramente. Conocí a Toño y establecimos una relación bastante disfuncional pero muy divertida, en un momento de locura me habría mudado con él. También regresé a las ligas femeniles y me lancé a Guadalajara a conocer a esa chica que ni idea de qué iba a pasar, fue divertido mientras duró, aunque estaba bien pinche loca. Ese año compré mi primer guitarra.
2008 – Reencontré al Castor. Allá por la era del hi5 un mensaje sin apuro alguno me llevó a la mejor relación de mi vida y además, a conseguir eso que tanto quería: salir de casa. Me mudé con Jessica 3 meses después de empezar a salir y me despedí de mi casa para siempre. La Yaya dijo: “ya volverá diciendo: ¿me admiten?” pero no volví. Mi vida con Jessica ha sido una aventura increíble que no pensé tener nunca. Me establecí, cree un hogar y una familia, cambié. Fue un gran año.
2009 – La empresa ya no me gustaba, el trabajo sí. Me había acostumbrado a trabajar desde casa y era difícil renunciar a esa comodidad pero tenía que hacerlo, tenía que buscar algo mejor. Ser una papa casada tiene sus cosas, ahora había que buscar estabilidad, compartir recursos, planear el futuro. La comodidad tenía que pasar a segundo plano para que nuestros recién nacidos planes pudieran llevarse a cabo. Pasamos por un momento difícil, Jess había renunciado al trabajo que tampoco le gustaba y conseguir otro tardó más de lo esperado. Pudimos salir adelante, aún no sabemos cómo, pero con menos tiempo juntas y una cuarta parte de lo que ganamos ahora, mantuvimos nuestra casa y nuestra vida siempre a flote. Aprendí mucho de esa situación. Aprendí a cuidar de alguien, a hacerme responsable, a sacrificar cosas por otras más importantes y a ver la vida de diferente manera. A veces ser feliz consiste en la capacidad de hacer a otra persona feliz.
2010 – Al diablo con el trabajo. Había decidido renunciar así tuviera que dedicarme a limpiar casas ajenas, pero como el burro que tocó la flauta, abrí mi correo y una entrevista de trabajo que no había solicitado se presentó, y además se presentó en la forma del trabajo de mi sueños, con todas las especificaciones y caprichos que había pedido, así que no tuve más que aceptarlo y al fin conseguí –laboralmente- lo que tanto quería. Ahora, con ambas en un buen trabajo, con una vida cómoda y sencilla la vida parecía un bonito cuadro de Miró, inexplicable, tranquila y llena de color.
2011 – Había empezado mal. En la recta final del 2010 la Yaya había tropezado con un obstáculo así que empecé el año en el hospital. La negligencia de los médicos del Hospital Español nos trajo de regalo de año nuevo a la Yaya con 2 infartos cerebrales. El 2011 le había llevado el habla, el movimiento y parte de la lucidez. Para mí, me había llevado el alma. Después de 6 espantosos meses de ir y venir del hospital queriendo ayudar y sin saber que hacer finalmente nos dejó. Me sentía miserable. Por no haber hecho más –si es que se podía-, por no pasar más tiempo, por no haberla entendido, pero haber deseado que se fuera de una vez para que dejara de sufrir y por haber deseado que se quedara para siempre aunque fuera en esas circunstancias. El 2011 había tenido mi primer encuentro con la muerte y con el duelo, parecía que lo estaba manejando mejor de lo que esperaba, pero lo que me esperaba no era nada bueno. Terminé este año muy enojada, muy triste y muy asustada en el hospital con mi primer ataque de pánico que confundí con un ataque de asma. Odié este año.
2012 – Preparada para el fin del mundo salí el 1 de enero del hospital sin entender bien qué había pasado. Mi salud estuvo del demonio los siguientes meses con una gripa interminable e incapacitante que mantenía mi humor a muy bajo nivel. Regresando de nuestras primeras vacaciones en la playa me dio mi primer ataque de pánico. Creía que me iba a morir. Las noches que pasé en casa de mis papás rezando porque no se me cayera el cielo sobre la cabeza recuerdo que sólo pensaba: sólo tengo que sobrevivir 2 días más, 1 día más, esta noche… hasta que llegara la cita con el Psych y me dopara. “Sobrevivir” porque creía que me moría. Desde entonces se acabó el alcohol y empezó el Prozac. Las primeras noches de Tafil eran como un viaje de hongos en los que no distinguía lo que había soñado de la realidad y por fin entendí lo que le pasaba a la Yaya con esas pastillas. Después de un montón de terapias, hipnoterapias, talleres y cursos mi vida se fue por el rumbo ZEN –no quedaba de otra- y aprendí a meditar para poder calmar todos los demonios que empezaba a descubrir. Sigo en ese proceso. Una teoría muy posible es que me dio la crisis de los 30, claro que de manera inconsciente. No sé si así fue pero sigo trabajando en la crisis sea cual fuere la causa de ella y acerca de los 30, no tengo más que decir que: Bienvenida realidad.





martes, junio 05, 2012

1 año sin la Yaya

El año pasado, en este mismo día, a esta hora estaba durmiendo. Era domingo. La tarde del sábado la había pasado con la familia, reunidos todos en el hospital, habiéndole dado un break a la enfermera, nos encontrábamos como pocas veces todos juntos en el cuarto de la Yaya. Nunca estábamos todos porque el cuarto era pequeño y hacía mucho calor, así que tomábamos turnos, para estar, para descansar, para despejarnos y para quedarnos. Ese día por alguna razón, estábamos todos juntos. Debió hacer menos calor… logramos encontrar todos, un hueco donde sentarnos. Carlos estaba en México hace más de una semana y planeaba su regreso en 1 o 2 días. Por primera vez no teníamos un semblante parco ni melancólico. Ahora lo recuerdo, empezamos a hablar de ella. Yo comencé a preguntarles en qué creerían que reencarnaría -en caso que creyeran en eso- y fueron diciendo su parecer, coincidiendo todos en un ave. Un águila, un colibrí dije yo, otros que no recuerdo. Nos reímos y eso dio paso a comenzar a contar anécdotas familiares, de ella, con ella, por ella. Parecía una tarde de domingo familiar, sólo faltaba la carne asada. Alguien decía: “te acuerdas las pantuflas que nos regalaba en navidad” y la miraba y sonreía. Nos turnábamos la silla al lado de su cama para sostener su mano, para estar más cerca por un rato. Esa tarde nos fuimos temprano. Estábamos agotados de la semana. Había sido la peor para ella, no podía respirar, no se despertaba casi y parecía tener dolor. La boca se le había secado y alcanzábamos a ver una lengua llagada por el aire, esa semana nos había partido el espíritu y compartíamos un sentimiento complicado. No queríamos que se fuera, pero queríamos que dejara de sufrir, y en nuestras miradas se veía lo miserable que nos hacía sentir eso. La verdad, habíamos llegado al punto que no sabíamos hacer otra cosa que esperar, y esperar era agotador.
Nos fuimos tranquilos, no nos pusimos de acuerdo en ver quien iría el domingo por la mañana, sabíamos que todos estaríamos ahí, y dormimos bien, planeando encontrarnos al día siguiente, encontrarla a ella y seguir contando historias familiares desde 1937 hasta el 2011. Pero eso ya no sucedió.

Me despertó el celular a las 9:30, supuse que era mi mamá y que necesitaría algo de la farmacia o me preguntaría a qué hora llegaría al hospital. Sí era mi mamá, me dijo: “Verito, ¿vas a venir al hospital” – Sí. “Pues vente en cuanto puedas, porque la abuela ya se fue”. En ese momento esbocé una sonrisa imperceptible, volteé a ver a Jessica y le hice una señal de “dislike” con la mano mientras movía la cabeza diciendo que no. En seguida supo qué pasaba. Colgué. Jessica tenía esa cara de horror esperando que yo cayera en un colapso nervioso pero no lo hice, le dije: “por fin está descansando” hay que apurarnos para irnos y me fui a bañar. Jess se quedó muda y decidió simplemente seguir mis instrucciones sin preguntar nada más.

El coche se había descompuesto el día anterior justo afuera del hospital. Tomamos un taxi y todo el camino fui mirando por la ventana, recordando los últimos 6 meses y los últimos 28 años que estuve con ella, pero sin llorar, sólo con esa sonrisa imperceptible, culpable, de saber que por fin estaba en paz. Pensé que se había ido por eso, porque el sábado nos vio juntos, nos escuchó contentos, tranquilos, sabía que podríamos superarlo y que permaneceríamos juntos aunque no estuviera, cuando supo que todo estaría bien, creo que decidió partir. Eso creo.

Lo que siguió no es para contarse. Los trámites, el velorio, etc. nada de eso fue agradable y el alivio de saber que ya estaba en paz empezaba a sustituirse por la tristeza de entender que ya no estaría jamás. El domingo algunos no dormimos, otros durmieron una noche entera por primera vez, a algunos se nos partió el alma y a otros les descansó por fin.

Así fue como se fue, pero como decían los samurais, no importa cómo murió, sino cómo vivió. Fue feliz, tuvo una vida plena, rodeada de su familia y amigos, tuvo una vida dura de joven, pero siempre fue muy fuerte y supo salir adelante, era muy sabia, sabía dar siempre un consejo útil, y si no tenía cómo ayudarte sabía como hacerte sentir mejor. No conozco una sola persona a quien le cayera mal, así como cuentan del Abi, ella es la mejor persona que he conocido y espero que haya sido tan feliz conmigo como yo lo fui con ella. El doctor dice que es en la única persona en quien confiaba, es probable que tenga razón. Siempre fue franca y me habló de frente, me consintió y me ayudó cuando lo necesité, me abrió las puertas de su casa y de su vida y siempre tuvo una sonrisa para mí y para todos. Algún día entenderé por qué tuvo que pasar por esa etapa tan difícil en el último momento, pero me quedo tranquila de saber que antes de eso estaba perfecta y estaba contenta. Que durante ese tiempo tuvo oportunidad de ver a toda su familia, hasta los más lejanos. Que su último cumpleaños lo pasamos fenomenal con una parte de España que hacía falta, que nunca estuvo sola, ni le faltó una llamada o una visita que la hiciera sonreír, que tampoco le faltó nada después del ’45, que siempre pudimos apoyarla, ayudarla y ver por ella cuando no pudo. En fin, fue una gran persona y tuvo una vida feliz, no creo que se pueda pedir nada más. Y ahora donde está, está aún más contenta, bailando Fascinación con el amor de su vida, jugando cartas con sus hermanos y viéndonos claro, porque nunca nos dejará de cuidar y siempre habrá un sueño donde aparezca y nos de un abrazo, nada más para que nos acordemos que ahí está, ahí sigue, sólo que ahora está bien y en un lugar mejor.

viernes, agosto 27, 2010

Adaptabilidad

Ayer me puse a pensar, no recuerdo porqué, que es muy fácil tachar a alguien de intransigente, intolerante, anticuado, y cosas por el estilo porque hay muchos asuntos que consideramos cotidianos por la manera en que hemos vivido. Pero “nadie extraña lo que no conoce” al igual que no podrías querer, desear o gustar de algo que no conoces o ni siquiera entiendes.


Cuando Carlos se fue de su casa yo tenía 11 años. Me pareció algo muy malo y reprochable. Nadie me explicó por qué se iba, él no me contó previamente el plan, nadie me explicó razones y consecuencias. Yo tenía 11 años y no sabía que salir de casa de tus padres a cierta edad es algo común, necesario y bueno. Tampoco sabía que a los padres no les pasa absolutamente nada porque te vayas. Mucho menos sabía que es algo benéfico para ambas partes. Nadie me lo explicó. Ni mis papás, ni Carlos, ni la Yaya, ni mis amigos que obviamente tampoco sabían un demonio de estas cosas, nadie.


¿Qué pasó? Lo tomé como una afrenta. A esa edad crees que el mundo gira en torno a ti y hay pedestales que no estás dispuesto a mover. Uno de ellos era Carlos y otro la Yaya, la abuela es un personaje muy importante en la infancia y no permites que ni tu madre la toque. Yo tomé esta situación como una afrenta a la Yaya. ¿Por qué Carlos quería irse? ¿A dónde iba? ¿Por qué la quería dejar sola si era una persona mayor? ¿Por qué no le gustaba estar ahí? ¿Ahora dónde o cómo lo vería si solamente lo veía en esa casa? ¿Sería que ya no volvería a ver a Carlos? Eso no podía ser, era mi persona favorita en la tierra y no podía ser que fuera a desaparecer del planeta, pero no me había dicho nada, entonces tal vez no quería que supiera a dónde iba.


Sí, todo esto pasó por mi cabeza a los 11 años. Y lo que pasó después fue que la primera vez que ví a Carlos después de que se mudó, lo odié. Lo único que podía pensar era que alguien a quien yo adoraba le había hecho algo muy feo a mi abuela y además, le importaba un pito lo que yo pensara. Lo notó. Trato de platicar conmigo de cualquier burrada pero yo me mantuve estoica comiendo un bubu-lubu sin emitir un solo juicio. Cuando se fue me dijo: “Nos vemos, a ver si la próxima no estás tan seria”. A mi se me encendieron las entrañas, tenía ganas de decirle: “¡Tarado! Mira lo triste que está mi Yaya. ¿Por qué no me contaste nada? ¿Dónde vives? ¿Cómo puedo llegar allá? ¿Cuál es tu teléfono? ¿Nos vamos a seguir viendo? Pero a mi me habían enseñado que no podías reclamarle a tus mayores, ni a Carlos siquiera, así que puse la cara más fea que pude, guardé mis bubu-lubus en el congelador, me di la media vuelta y me fui.


Pasó mucho tiempo antes de que entendiera que la situación era normal. No pasó mucho para que se me quitara el enojo. Un día fui efectivamente a su casa y me gustó. Pasamos incluso una navidad ahí. Aunque de todos modos, nadie nunca me explicó nada.


Ahora que yo misma me he ido de casa de mis padres, entiendo todo perfectamente, lo apoyo y hasta creo que se tardó. También lamento que a pesar de la edad, no haya podido apoyarlo en ese momento. Pero insisto, cómo entender algo que nadie te ha explicado, sólo puedes procesarlo según lo que te han enseñado y a veces eso que te han enseñado no cuadra con la realidad.


Ahora que todo el mundo se escandaliza por los matrimonios y la adopción gay, habría que tratar de explicarles, antes de increparlos, juzgarlos y querer matarlos, cómo está la cosa. A mis papás por ejemplo, nadie les explicó que ser gay era una opción, que no era ni estúpido, ni vándalo, ni enfermo, ni necesariamente promiscuo. Nadie les contó que tuviera un amigo gay feliz y contento. Nadie les dijo que el SIDA no se contagiaba al admitir que eras gay. Nadie les contó nada. Por el contrario, les dijeron que si un hombre era gay, lo iban a matar a palos en la primera esquina. Que si una mujer era gay, tenía serios problemas en la cabeza y lo que pasaba era que estaba imitando al hermano, o que el papá no servía para nada y se traumó, o la mamá no servía para nada y quiso ser como el papá, y también sufriría de penas y maltratos por la sociedad. ¿Qué papá en su sano juicio querría esto para sus hijos? ¿Qué papá querría pensar que es su culpa? Nadie les explicó que ser gay no era una consecuencia por ser los peores padres del mundo, si no una decisión y una preferencia netamente individual.


No puedes juzgarlos de anticuados, de idiotas, decirles que no entienden nada y que son lo peor de la intolerancia. Sus papás les dijeron que estaba mal, sus maestros les dijeron que estaba mal, sus amigos les dijeron que estaba mal, el gobierno y la iglesia que en su tiempo estaban mucho más establecidos, les dijeron que estaba mal. ¿Cómo esperamos que tengan una epifanía un jueves, se despierten y digan: hijo mío, he decidido pagarte la boda con tu wey porque es la onda”? Eso sí que es ilógico. Nadie les dijo que la cosa no es así. Están en todo su derecho de pensar que es algo malo, y sobre todo que te va a ir de la fregada si estás en eso.


Los únicos capaces de explicarles y pacientemente hacerles entender que no tiene nada de malo, somos nosotros. Uno sí sabe que no está mal, uno sí puede demostrarles que se puede llevar una vida normal, común y corriente. Que si tu mamá quiere una boda puede haber una, que si tu papá quiere nietos, puede haberlos también. Uno sí puede explicarles que no vas a perder tu trabajo, que no te vas a caer muerto a media cuadra por un rayo, que tus vecinos no te van a lanzar jitomates. Así se los explicaron antes, así crecieron, es todo lo que conocen, nadie los ha sacado de su error, y solamente uno, ayudado con la actualidad, puede hacerles entender.


Por su parte, sólo queda estar abiertos a esas explicaciones, abiertos al cambio, porque el mundo ha cambiado y lo que conocían ya no es necesariamente aplicable a lo que se vive hoy. Más allá de ser “tolerantes” les queda ser abiertos, les queda procesar y entender  muchas cosas que si antes estaban mal hechas, ahora son normales y hasta mejores. La unión libre, la homosexualidad, el desapego con la iglesia como institución, la paridad de roles, etc.


Así que, paciencia, para explicarles no sólo todo lo que no entienden si no todo lo que no conocen y para aceptar que hay cosas que igual no les gustarán, porque están en todo su derecho de no poder cambiar una manera de pensar que tienen arraigada hace más de medio siglo. Así como yo no pienso cambiar, por ejemplo, la idea de que es una grosería ir al teatro en bermudas y tenis. ¡Y solo tengo 28!

viernes, mayo 14, 2010

Historias de Familia: La repatriación.


Todavía mandaba el régimen Franquista cuando los españoles refugiados en México, tuvieron oportunidad de regresar a la madre patria. Como en todo asunto intrenacional debía seguirse un proceso. Si no eras reclamado por tus padres o algún responsable afín, me parece que necesariamente familiar, te quedabas varado en donde estabas hasta que las circunstancias cambiaran, o no volvieras jamás. Debió ser por 1940 cuando sucedió.
"Ah la foto. Sí... no me acuerdo porque la tenía ella. Una que salgo con mi uniforme de las monjas, con mi moñote aquel... ¡Ah sí! era cuando me volvía a España. Era un regalo de despedida, me regresba a España para no volver, para eso era esa foto. Pero nunca me fui. Mi madre estaba en la cárcel y mi padre había huido corriendo a Francia, así que nadie me reclamó, y por eso nos quedamos."

Eso me contó la Yaya el lunes. Tiene tantas historias y testimonios que alguien debería de tomarse la molestia de escribirle un libro. Tal vez lo haga algún día, si encuentro la manera de que hable de mi abuelo sin un nudo en la garganta.

Si se hubiera regresado como lo planeado, yo no existiría o al menos las probabilidades se hubieran reducido mucho. ¿Destino? no sé. Al final todos queremos repatriarnos y España, como siempre, queda tan cerca y tan lejos.